Imperceptible (1)


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Hay una tendencia, invisible pero existente, que ha marcado la gran parte de los días de mi vida. Esa tendencia, el día que la analicé y la descubrí, puede decirse que logró asustarme y ubicarme en lo más profundo de un pozo, lleno de oscuridad y humedad, en el cual pensaba aterradamente sobre ella y a la vez en cómo me sería posible escaparle. Aún hoy esa tendencia persiste oculta dentro de mi personalidad. Se manifiesta silenciosa, casi imperceptible, pues para mí todo es normal, muy normal, demasiado normal. Tiendo a ser estructurado, metódico, un hombre que encasilla su vida en el orden y corrige todo lo que puede desordenarse o equivocarse de filas. Supongo que nací así, o tal vez adquirí esa tendencia a medida que iba creciendo.

Puedo recordar ciertos pasajes de mi vida en donde mi madre solía regañarme cuando no arreglaba mi habitación y me exponía a castigos que a veces eran demasiado crueles. No comer, no salir a jugar, no poder mirar la televisión, no permitirme escuchar un programa de radio, o simplemente no hablarme. Este último era el peor de los castigos. El más duro. El que más podía aislarme y maltratarme. El día que ese tipo de castigo se iniciaba era terrible. El silencio en la casa se escuchaba ensordecedor y el bullicio de la calle ingresando por las ventanas no era suficiente para lograr distraer mi mente, que aprisionada y esclava del castigo, no dejaba pensar ni un minuto en cómo una madre podía ser tan cruel con un hijo.

Es entonces que esa tendencia a ser un tipo estructurado y metódico ha marcado significativamente mi vida. Ha logrado aislarme muchas veces de personas que he querido y me ha expuesto a maltratos por parte de otras, que con tono burlesco, y a veces grosero, se mofaban de esa particularidad de mi propia personalidad. Hasta llegué a asistir periódicamente a consultas psicológicas y grupos de autoayuda, pero nada resultó con el poder justo para impactar con la suficiente fuerza y hacer virar mi personalidad hacia otro ámbito. “Debes iniciar un cambio positivo desde dentro hacia afuera”, solía decir mi analista. Yo lo observaba como quien observa a un noble animal ser fiel a su amo, y hasta imaginaba en mi mente la escena del cambio que él proponía, pero la respuesta no llegaba, mi personalidad permanecía ahí, entre las paredes húmedas y malolientes del fondo de aquel pozo.


El día que conocí a Rebeca D. experimenté una sensación horrible. Me hallaba en un bar, sudado y sediento, a la espera de que el mozo, que minutos antes me había atendido, trajera mi almuerzo. Era cerca de la una de la tarde cuando en aquella cafetería el tiempo simuló detenerse justo en el momento que aquella chica ingresó al local. Iba con su pareja. Ambos abrazados, haciéndose arrumacos, y mirándose como suelen hacerlo aquellos que están atrapados y atraídos por el núcleo del amor. Se sentaron lejos de mí, pero lo suficientemente cerca como para que pudiera observarlos y de vez en cuando escuchar algo de lo que hablaban. Finalmente el mozo llegó con el almuerzo. Pagué la cuenta antes que se marchase, siempre hago eso para quedarme libre y poder irme cuando me plazca.

Mientras almorzaba una milanesa con un huevo frito no podía dejar de contemplar a la pareja que acababa de entrar. En algún punto los envidiaba. La soledad que me circundaba por aquel entonces podía mostrarse fiera muchas veces, y otras veces un tanto dañina. Necesitaba una mujer a mi lado. Sabía eso. Mi cuerpo también lo pedía a gritos, sin embargo algo de mi persona no atraía a las mujeres, y por más que repasara una y otra vez mi fisonomía en frente de un espejo no lograba dar con la respuesta que resolviera aquella cuestión.

Tras terminar de almorzar encendí un cigarrillo. Satisfecho, me dediqué a echar volutas de humo y a observar la pareja de tórtolos. Fue entonces que ella, con aire natural, se levantó de la silla y se dirigió hacia el lugar donde yo estaba sentado.

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(Imagen: Maria Paula Filippelli (b. 1984, Argentina), "Las crónicas del viento", lápiz, marcador, acrílico y microfibra sobre papel)

8 comentarios:

PIER BIONNIVELLS dijo...

Por Dios!! No nos dejes asi!!
Huy.. siempre el buen escritor te deja pidiendo más , como sangre a los vampiros..
Interesante post, muy bien escrito. Espero que solo sea unas grandes lineas de tu fantastica imaginación.. Lo digo por el principio del post..
Buen domingo y abrazos.

Verónica dijo...

Y, ahora, ¿por dónde avanzará el relato? ¿Qué le dirá? ¿Qué sentirá? ¿Cómo actuará?

Preguntas y preguntas que sólo pueden ser contestadas a medida que sigamos leyendo, como en los buenos relatos ......

Alejandra dijo...

Y???
Pq termina tan abruptamente... ahhhh la curisidad me mata Migue, ¿como puedes ser tan malo? Ehhh
Esta bien me tomaré mis pastillitas de paciencia y esperaré.
Muack

EL ERRANTE dijo...

@PIERINA:

Un gusto volver a verte por mi blog :)

Este es el primer capítulo de esta nueva historia. Intentaré subirla cada dos días, veré si me hago del tiempo, calculo que sí.

Gracias por tú comentario y palabras.

Beso.

EL ERRANTE dijo...

@VERÓNICA:

Así es, las respuestas se debelarán a medida que se avance en la lectura.

Como respondí a Pierina anteriormente intentaré subir cada dos días un nuevo capítulo.

:)

EL ERRANTE dijo...

@ALEJANDRA:

TO BE CONTINUED... jajajaja

Alejandra dijo...

Ahhh te gusta ser malo??? =P

SIL dijo...

Ups...

Ahí voy a ver qué inquietud tiene Rebeca D...

:)

Beso y sigo.