
TREINTA y SEIS
Recuerdo que decidimos salir de la casa del viejo a caminar. Necesitábamos hacerlo. Creo que tanto Lourdes como yo sabíamos en el fondo de nuestra consciencia que debíamos hablar, pues presentíamos que había algo más que simple casualidad en nuestro encuentro, tal vez un algo que no era común, y que estaba ligado pura y exclusivamente a nosotros dos, a nuestras vidas, a nuestros correspondientes...