Saint-Exupéry (nueve)




NUEVE


La chica de los piercings renunció a su trabajo en el hostel una de las primeras mañanas de primavera. Fue una decisión súbita. Al levantarse, un tibio rayo de sol dio en su mejilla y su calidez pareció iluminar sus pensamientos. Aún con los ojos cerrados y sintiendo la tibieza que emanaba el astro rey concluyó que ya era suficiente, que debía dar un vuelco a su destino.

Al principio los socios dueños del hostel no quisieron aceptar su renuncia. Es que ella siempre había sido una excelente empleada de la cual ni ellos ni los clientes habían registrado quejas. Sin embargo su decisión era indeclinable. Después de más de media hora de explicaciones y de tires y aflojes ambas partes llegaron a la conclusión que la decisión estaba tomada y que una nueva chica debía ocupar el lugar en la recepción. Se la indemnizó como se debía y ella se despidió con mucha calidez de sus empleadores. Atrás quedaba entonces sellada una etapa de su vida. Apenas hubo cerrado la puerta tras su espalda se volvió y observó la fachada del hostel y pensó en todo lo que allí había vivido. Seguidamente una sensación de liberación la poseyó por completo y se dijo que estaba en lo correcto pues necesitaba aires nuevos y un cambio para su vida.

Aún con la meta de incursionar en algún grupo ecologista supo que lo nuevo que la esperaba sería algo interesante e importante para ella. De algún modo podía conectarse con su interior y anhelar con profundas ganas ese cambio tan requerido. En los días siguientes compró diariamente todos los diarios locales y nacionales con la intención de asesorarse y orientarse con información relacionada a grupos ecologistas y de ayuda humanitaria. También compró revistas referidas al tema y veía a diario programas en Discovery Channel y NatGeo. Encerró en círculo con una birome varias informaciones que le resultaron interesantes y luego fue una a una analizándola. Mientras su vida cambiaba, mi propia vida seguía su curso.


Después de un año de trabajar en aquella redacción tuve mi primer ascenso. No era un puesto maravilloso pero me resultaba mucho más interesante que clasificar papeles todo el día como un autómata descontrolado. Fui citado a la oficina del gerente una mañana en la que el cielo parecía venirse abajo por la intensidad de la lluvia que caía. Apenas cerré la puerta el gerente con un gesto adusto me indicó que me sentará. Él caminaba nerviosamente de un lado a otro de la oficina sin decir palabra. Mantenía su dedo índice apoyado en el mentón y su brazo izquierdo recogido detrás de su cintura. Algo me decía que lo que tenía para decirme era importante, muy importante, tal vez tan importante como despedirme o recortarme el sueldo; sin embargo no quería conjeturar y me predispuse a ser todo oído. Después de caminar un par de minutos como si fuese un animal enjaulado se sentó con mucha mesura y me quedó mirando fijamente a los ojos.

- Lo he citado a esta oficina para comunicarle una decisión que hemos tomado con la junta directiva. No es una mala noticia, no se asuste, al contrario, yo diría que es una excelente noticia.

Las manos en ese punto dejaron de sudarme y aflojé mi musculatura. Al menos supe que no estaba despedido y no volvería a vivir la pesadilla del desempleo.

- Mire, la cosa es así: esta redacción trabaja para un multimedios, más precisamente para la parte impresa que realiza el multimedios. Como usted sabrá el multimedios posee en esa rama un diario local y dos revistas de tirada nacional. Bueno, ahí es donde queremos ubicarlo a usted.
- ¿Dónde específicamente? –pregunté con voz tímida.
- En una de las revistas –respondió el gerente sin temblarle la voz-. En una de las revistas incorporaremos una nueva sección dedicada a la geología, a la ecología y a los cambios climáticos. Tal vez usted no esté mucho al tanto de esos temas, pero tenemos periodistas calificados para ello. Ellos harán las entrevistas y usted será quien seleccione las fotografías y ordene de manera visual el orden de las páginas de la sección. También cumplirá otras funciones, pero ya no está en mí decírselo. Digamos que sería una especie de editor básico o algo por el estilo. En realidad nos gusta el modo aplicado de su trabajo y observándolo durante todo un año hemos comprobado que tiene cierto “olfato” para distinguir las buenas de las malas noticias. Si nos equivocamos con usted es parte del negocio, sino habremos tenido éxito y todos salimos contentos y felices.

Después que el gerente terminó de comentarme aquello me quedé mirándolo fijamente por un instante. Mi mente estaba en blanco, un vacío total. De algún modo me había librado de pensamientos y a la vez de emociones. No sentía júbilo ni alegría por la noticia. Era como si mi cuerpo se hubiera esfumado y hubiera sido suplantado por un cuerpo de trapo, insensible e inerte.

- ¿No piensa decirme nada? –dijo el gerente.
- Sí, claro. Estoy sorprendido. Es solo eso. Le agradezco mucho el gesto y el ascenso –terminé diciendo casi sin sentimientos.

Salí de la oficina del gerente y recién en ese instante volví a sentir que mi cuerpo me poseía. Era la primera vez en mi vida que lograba un ascenso en un trabajo. Debía de ser un día especial, pero como era algo nuevo para mí lo tomé como algo extraño y al sentirse atípico no sabía cómo expresarlo.

Al llegar a mi escritorio me estaban esperando el gordo Pérez y Federico Moccia. Me miraban con cara de interrogante. Noté que se salían de sus cabales por preguntarme qué había sucedido. Creí en ese momento que ellos pensaron lo peor: un despido o una suspensión. Pero luego de contarles ambos me felicitaron y me palmearon la espalda dándome ánimos y demostrándome todo su apoyo. Salimos al patio del edificio y nos sentamos a fumar un cigarrillo. Observé el cuadrado de cielo que se dibujaba en lo alto, justo al finalizar las cuatro paredes altísimas que formaban el patio. Se veían unas pocas nubes pasar lentamente. Era extraño ver como allí arriba todo parecía seguir su ritmo, casi imperceptible, y abajo, en la tierra, mi vida cambiaba tan vertiginosamente. Pensé que eso mismo pasaba con las vidas de las personas, con los amores y desamores, con los éxitos y los fracasos. Enseguida el gordo Pérez comenzó a hacerme chistes sobre mi nuevo cargo y sobre cómo yo me comportaría una vez estando en él. Federico Moccia lo reprendía diciéndole que me dejara en paz, que era un lindo desafío y que en esos desafíos consistía parte del aprendizaje de la vida. Me parecían siempre tan certeras y justas las palabras de Moccia que muchas veces me quedaban repiqueteando en la memoria durante varios días. Había un dejo de increíbles vivencias en el modo de aconsejar o de decir sus frases que me envolvía por completo y me hacía sentir un tipo apreciado y querido por él. Aquel anciano durante todo el tiempo que nos conocíamos se había logrado mi respeto, mi cariño y mi total afecto.


Al mes de la charla con el gerente obtuve el ascenso in situ.

Al llegar a la redacción se me ordenó que desde ese día en más trabajara en el tercer piso, en mi propia oficina. Eso me sorprendió. No había pensado que el nuevo puesto sería con oficina propia y alejada de mis compañeros de trabajo habituales. Una secretaria jovencita me acompañó hasta la nueva oficina.

Mientras caminaba hacia el ascensor Federico Moccia y el gordo Pérez me hacían gestos afirmativos deseándome toda la suerte del mundo. Me sentí mimado y querido por mis compañeros. Al entrar al ascensor la chica se puso delante del panel de comandos y presionó el botón del tercer piso. Inmediatamente la puerta metálica del ascensor se cerró y ambos quedamos a solas esperando que el aparato comenzara a elevarse. Tuve la sensación de dejar parte de mí en aquel piso y elevarme a otro estadío de mi consciencia. Observaba el pelo lacio y rubio de la secretaria caerle hasta la mitad de su espalda. Aparentaba ser una chica culta y de modales suaves. Mientras el ascensor ascendía lentamente ella permanecía mirando hacia la puerta y dándome la espalda.

- Estoy un tanto nervioso –dije en voz alta.

Entonces ella volteó y quedó mirándome. En ese preciso momento me puse un poco más nervioso pues ella era muy bonita.

- ¿Quiere decirme algo? –me preguntó.
- No lo sé –respondí de manera tonta.

Entonces se dio media vuelta y pulsó el botón de STOP de la botonera de comandos. El ascensor se detuvo suavemente y una luz de emergencia extra se encendió. Por unos segundos un silencio sepulcral nos rodeó por completo. Volvió a darse vuelta y volvió a observarme.

- Dígame, ¿a qué se deben sus nervios? –dijo ella.
- No lo sé, supongo que a mi nuevo puesto. Es la primera vez que haré algo distinto desde que ingresé a esta empresa.
- Pues tómeselo con calma. No hay nada de raro. Piense que es como el primer día que ingresó a este lugar en donde no conocía a nadie y ni siquiera sabía cuáles eran sus funciones. No hay nada que temer. Créame.
- Admiro su manera de analizar las cosas –respondí.


Finalmente se dio media vuelta y ahora presionó el botón START en el panel de comandos. El ascensor volvió a ponerse en movimiento y la luz de emergencia se apagó.

Al llegar al tercer piso la puerta se abrió lentamente y un largo pasillo se presentó ante nosotros.

A la derecha había un montón de cubículos separados por paredes de más de metro y medio de altura y a la izquierda estaban las oficinas, amplias y totalmente vidriadas, que daban a grandes ventanales que dejaban pasar el sol en plenitud. El ambiente a simple vista era muy acogedor. El personal del área trabajaba concentrado en su trabajo. Solo al verme entrar todos pararon sus quehaceres y dirigieron su mirada hacia mi persona. Saludé con gestos de cortesía mientras caminaba detrás de la señorita. Sin embargo algo me llamó la atención: saludaban a la señorita con demasiada solemnidad. Al entrar a la sala de reuniones había una enorme mesa de caoba y una docena de sillas perfectamente dispuestas en torno a ella. La chica hizo gesto que me sentara en la silla de la cabecera, lo cual hice. Luego, con mucha gracia, ella tomó asiento en la silla que se encontraba en la otra cabecera.

- Bueno, aquí estamos –dijo ella con una sonrisa.- Me llamo Marina Fernández, y soy tú nueva gerente de área.

En ese momento sentí que mi corazón bombeaba más de la cuenta ¡Cómo no haberlo sospechado antes! Pero no, ni por asomo pensé que aquella mujer con aspecto de secretaria sería la nueva gerente que regiría cada uno de los próximos días laborales de mi vida.

- Ya nos conocemos un poco y espero que no estés tan nervioso como en el ascensor. No pasa nada. Es como todo cambio: lo nuevo siempre genera expectativas y nervios. Pero verás, aquí en esta sección nos diferenciamos bastante del resto del multimedios ¿Por qué? Simple. Aquí hacemos cosas innovadoras. Damos al lector de nuestra revista aires nuevos. Queremos que los lectores sientan que al tener nuestra revista en sus manos están frente a un nuevo capítulo de una miniserie que los tiene atrapados y los deja sin aliento. Tan simple como eso.

Mientras decía aquello jugaba con sus uñas y examinaba las cutículas.

- Todas las personas que has visto trabajando en la sección fueron elegidas por mí. Cada una se destaca en algo. Fueron seleccionadas minuciosamente durante un largo período de pruebas del cual ellas nunca se enteraron. Hasta ahora mi modo de seleccionar personal no ha caído en falsos positivos. Y en ti tengo puestas muchas esperanzas –dijo la gerente.
- ¿Por qué en mí? –pregunté con asombro.- ¿Qué tengo yo de especial?
- Mucho.
- ¿Mucho?
- Sí, mucho. Las personas muchas veces ignoran su potencial. Simplemente no pueden verlo. Está como dormido en su interior y cuando despierta ellas no se dan cuenta. Sin embargo si tienes un ojo avizor podrás captar las virtudes de las personas. La empresa cree que yo tengo un tipo de vista particular para cazar talentos y hasta ahora ha dado siempre frutos. He visto como escribes cosas en las hojas de trabajo. Cosas como citas, pequeños poemas o bien los libros que traes para leer en tus ratos libres en el trabajo. Si uno se considera un observador no deja pasar nada por alto. Y yo lo observo todo. Y en esas observaciones capté cierta predisposición tuya al mundo de las letras y de la redacción. Quiero que redactes notas en la revista –sentenció.
- ¿Yo?, pero… no soy periodista. No sé nada de cómo redactar una nota.
- Lo sabes. Solo hurga en tú interior y verás como la redacción va hilvanándose poco a poco, letra a letra, párrafo a párrafo. No te subestimes y no tengas miedo. Date tiempo. Tendrás tú propia oficina y quiero también que formes parte del equipo creativo de la revista. Tengo mucha fe en ti.

Después de escuchar todo lo que la gerente dijo enmudecí totalmente. La cabeza se me vació por completo. No podía pensar en nada. Jamás había imaginado que alguien como yo podía ser considerado alguien tan importante. Aún en los años de mejores trabajos mientras mi madre vivía nadie había depositado tanta fe en mí.

Me levanté de la silla lentamente.

- ¿Es todo? –pregunté a la gerente.
- Sí, es todo.

Enfilé hacia la puerta y al asir el picaporte con mi mano escuché nuevamente su voz.

- Y recuerda… jamás me equivoco.

Fue así que en la primavera de 1993 comencé a trabajar en una de las áreas más importante del multimedios. Un trabajo que sin saberlo cambiaría totalmente mi vida.


(Continuará en un próximo capítulo...)

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(Imagen: http://www.flickr.com/photos/23774436@N08/4328494561/sizes/z/ )

4 comentarios:

SILVIA dijo...

Tras mi ausenca, debo ponerme al día. Y te prometo hacerlo.
Siempre es un placer reencontrarse con tus letras.
Un fuerte abrazo!!

SIL dijo...

Las personas ignoran su potencial y cometen el peor de los pecados: sub-valuarse.
Pero la vida te da sorpresas !!
Sumo y sigo.

SIL

Miguel Aguilera dijo...

@SILVIA:

No hay drama. Sabés perfectamente que sos una de mis lectoras mas asiduas y más constantes así que cuando quieras pasás, lees tranquila y si querés comentás ;)

Besote.

Miguel Aguilera dijo...

@SIL:

Totalmente.
Y pensar que hay muchas que mueren sin saber el potencial que cargaban sobre su ser...