Imperceptible (22)

[Leer el capítulo anterior...] 22 Al llegar a la estación terminal de Río Cuarto yo estaba dormido. No era un sueño demasiado profundo, pero sí para mantenerme aislado del mundo vivo y de los pensamientos. Divaga en sueños cortos y alguna que otra pesadilla. Desperté cuando un movimiento brusco me sobresaltó. Era el chofer, con una minúscula sonrisa en sus labios, que me mecía para despertarme. Al bajar...
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Imperceptible (21)

[Leer el capítulo anterior...] 21 E n el peregrinar de aquellos días acaparé un sinfín de recuerdos y vivencias. Solamente los anoté en el cuaderno interior de mi espíritu (del cual jamás se borrarían) y me prometí nunca olvidarlos. Después de casi dos años de deambular de un lado al otro, de conocer a cientos de personas y de disfrutar de paisajes maravillosos desperté un día pensando que ya era suficiente,...
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Imperceptible (20)

[Leer el capítulo anterior...] 20 D esde la niñez, pasando por la pubertad y la adolescencia, pensé siempre que ser alguien imperceptible significaba algo como «no existir» o «ser ignorado». Hubo días en esas etapas de mi vida que me decía que yo había nacido para ser imperceptible. Que tal vez era un designio de Dios, o que mi madre haciendo algún conjuro con vaya a saber que demonio, habían logrado que...
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Imperceptible (19)

[Leer el capítulo anterior...] 19 D el otro lado del río, justo en frente de mi casa, la calle siempre se veía solitaria. Bordeada por álamos altivos y cargada de una melancólica tristeza esa calle siempre lograba hipnotizarme. Solía sentarme a orilla del río a observarla. Recorría con la vista toda su longitud. De vez en cuando algún automóvil descendía del puente y cruzaba por ella. Pero eran las menos...
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Imperceptible (18)

[Leer el capítulo anterior...] 18 C on el esfuerzo de varios años de trabajo finalmente había conseguido comprarme una pequeña casa situada a orilla de la margen del Río Cuarto. Era una casa pequeña, de un dormitorio, una cocina y un baño. Poseía un amplísimo terreno de fondo que lindaba con el río. Unos cuantos árboles frutales adornaban todo el patio. Flores y una gramilla cortada lo más prolijamente posible...
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Imperceptible (17)

[Leer el capítulo anterior...] 17 A veces es mejor dejar ir las cosas. Dejarlas volar libremente. Que puedan elevarse tanto que en un determinado punto ya sean inalcanzables y queden fuera del campo gravitacional de nuestra propia vida. Lo difícil es darse cuenta de cuando eso es necesario, cuando es momento de soltar amarras, soltar lastre, y dejar que las cosas divaguen y sean libres. Lo mismo sucede...
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Imperceptible (16)

[Leer el capítulo anterior...] 16 Poco a poco, con el pasar de los días, volví a sumergirme en la cotidianidad de mis días. El trabajo ocupaba dramáticamente gran parte, y el resto de las horas que estaba despierto las rellenaba con alguna actividad que despejara por completo mi cabeza de pensamientos que no valían la pena. Extrañaba de algún modo la compañía de Jesús Domínguez. Podría decirse que no fuimos...
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